La Predicación
Una iglesia de un solo anhelo
1 El Señor es mi luz y mi salvación;
¿A quién temeré?
El Señor es la fortaleza de mi vida;
¿De quién tendré temor?
2 Cuando los malhechores vinieron sobre mí para devorar mis carnes,
Ellos, mis adversarios y mis enemigos, tropezaron y cayeron.
3 Si un ejército acampa contra mí,
No temerá mi corazón;
Si contra mí se levanta guerra,
A pesar de ello, yo estaré confiado.
4 ¶Una cosa he pedido al Señor, y esa buscaré:
Que habite yo en la casa del Señor todos los días de mi vida,
Para contemplar la hermosura del Señor
Y para meditar en Su templo.
5 Porque en el día de la angustia me esconderá en Su tabernáculo;
En lo secreto de Su tienda me ocultará;
Sobre una roca me pondrá en alto.
6 Entonces será levantada mi cabeza sobre mis enemigos que me cercan,
Y en Su tienda ofreceré sacrificios con voces de júbilo;
Cantaré, sí, cantaré alabanzas al Señor.
7 ¶Escucha, oh Señor, mi voz cuando clamo;
Ten piedad de mí, y respóndeme.
8 Cuando dijiste: «Busquen Mi rostro», mi corazón te respondió:
«Tu rostro, Señor, buscaré».
9 No escondas Tu rostro de mí;
No rechaces con ira a Tu siervo;
Tú has sido mi ayuda.
No me abandones ni me desampares,
Oh Dios de mi salvación.
10 Porque aunque mi padre y mi madre me hayan abandonado,
El Señor me recogerá.
11 ¶Señor, enséñame Tu camino,
Y guíame por senda llana
Por causa de mis enemigos.
12 No me entregues a la voluntad de mis adversarios;
Porque testigos falsos se han levantado contra mí,
Y los que respiran violencia.
13 Hubiera yo desmayado, si no hubiera creído que había de ver la bondad del Señor
En la tierra de los vivientes.
14 Espera al Señor;
Esfuérzate y aliéntese tu corazón.
Sí, espera al Señor.
Salmo 27
1. Un anhelo en un mundo de temor
- Un ahnelo del salmista
- Habitar en la casa del Señor
- Contemplar la hermosura del Señor
- El valor crece cuando la presencia de Dios se convierte en nuestra único anhelo.
2. La confianza y el temor pueden coexistir
- La fe no es fingir que el temor no existe.
- La fe es decidir dónde se lleva el temor.
3. Debemos responsabilizarnos de nuestras almas.
- Cuando examinamos nuestras vidas, no estamos buscando a un Dios distante.
Estamos respondiendo a un Dios cercano. - No estamos ganando acceso. Estamos aprendiendo a vivir desde lo que ya nos ha sido dado.
O